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sábado, 27 de octubre de 2012

Día 27 - La Pericana


"Allá, como a cincuenta pasos de distancia, vimos (...), entre las verdes parras, una silueta negra, altísima, de rostro ensangrentado, roja barba y saltado ojazos amarillos. Avanzaba despacio, despacio, muequeando espantosamente". De esta manera con su sutil pluma, nos describe en uno de sus cuentos, Juan Pablo Echagüe, la estampa de un personaje famoso y siniestro de nuestra mitología autóctona, la llamada "pericana", un ser sobrenatural, que tiempo atrás, represento el terror para todos aquellos niños, que desobedeciendo a sus padres, se aventuraban a salir de sus casas en horas de la siesta.

El origen de esta tradición parece ser netamente de nuestra tierra, si bien algunos autores como Adolfo Colombres, también la ubican en la provincia de San Luis. Junto con otros monstruos de perfil femenino, como la "María Muscha", en Jáchal, o "la "calchona" en la zona cordillerana de Neuquén, este es un aterrador ser, cuyo origen es difícil de precisar. A juzgar por los datos aportados por Echagüe, sus comienzos son contemporáneos a su vida, es decir, en los últimos años del siglo XIX y principios del siguiente, aunque su leyenda pervivió hasta no hace mucho tiempo. La idea de concebir tan espeluznante ser, fue de los mismos padres, con la intención de infundirles miedo a su hijos rebeldes. Estos niños solían protagonizar las más alocadas aventuras, en horas de las largas y típicas siestas veraniegas, ocasionando toda clase de molestias en el vecindario. El hecho fue que alguna malograda pandilla de muchachos, en alguna ocasión, logró imaginar y ver a esta terrorífica mujer, y entonces el rumor se difundió como reguero de pólvora, sobre todo en las zonas rurales. Si bien se la describe como una anciana grotesca, de largos dientes, con cola provista de clavos y espinas, provista de un rebenque o cuchillo, para castigar a los desobedientes chiquillos; también hay versiones disímiles que la refieren de bella presencia, con un rostro cautivador, que se aparece repentinamente entre los parrales y seduce a los chicuelos para perseguirlos y castigarlos. 

sábado, 13 de octubre de 2012

Día 13 - El Mohan


Los pescadores lo califican de travieso, andariego, aventurero, brujo y libertino. Se quejan de hacerles zozobrar sus embarcaciones, de raptarles los mejores bogas, de robarles las carnadas y los anzuelos; dicen que les enreda las redes de pescar, les ahuyenta los peces, castiga a los hombres que no oyen misa y trabajan en día de precepto, llevándoselos a las insondables cavernas que posee en el fondo de los grandes ríos.

Las lavanderas le dicen monstruo, enamorado, perseguidor de muchachas, músico, hipnotizador, embaucador y feroz. Cuentan y no acaban las hazañas más irreales y fabulosas.

Sobre su aspecto físico, varían las opiniones según el lugar donde habita. En la región del sur del Magdalena, comprendida entre los ríos Patá y Saldaña, con quebradas, moyas y lagunas de Natagaima, Prado y Coyaima, hasta la confluencia del Hilarco, como límite con Purificación, los ribereños le tienen un pánico atroz por que se les presenta como una fiera negra, de ojos centelleantes, traicionero y receloso.

Siempre que lo veían, su fantasmal aparición era indicio de males mayores como inundaciones, terremotos, pestes, etc. Poseía un palacio subterráneo, tapizado todo de oro, donde acumulaba muchas piedras preciosas y abundantes tesoros; hacía las veces de centinela, por eso no quedaba tiempo para enamorar.

En la región central del Magdalena, desde Hilarco, en Purificación, hasta Guataquicito en Coello, los episodios eran diferentes. Allí se les presentaba como un hombre gigantesco, de ojos vivaces tendiendo a rojizos, boca grande, de donde asomaban unos dientes de oro desiguale; cabellera abundante de color candela y barba larga del mismo color. Con las muchachas era enamoradizo, juguetón, bastante sociable, muy obsequioso y serenatero.

Perseguía mucho a las lavanderas de aquellos puertos, como en la Jabonera, la Rumbosa, el Cachimbo, Etc. A la manera de un hombre rico, con muchos anillos, que al enamorarse de la muchacha más linda de la ribera, la llevaba a la cueva subterránea donde tenía otras mujeres con quienes jugaba y sacaba a la playa en noches de luna. Muchos pescadores aseguran que oían sus risotadas y griterías.

Bogas, pescadores y lavanderas lo vieron infinidad de veces en la playa pescando, cocinando, peinándose; o bajar en una balsa, bien parado, por "la madre del río" tocando guitarra o flauta.

Entre Guataquicito y Honda las versiones son distintas: allí era muy sociable. Se presentaba a veces como un hombre pequeño, musculoso, de ojos vivaces; entablaba charla con los bogas, salía al mercado a hacer compras, solía parrandear con los mercaderes, pero luego desaparecía sin dejar huella. En guamo, Méndez, Chimbimbe, Mojabobos, Bocas de Río Recio, Caracolí y Arrancaplumas lo vieron arreglando atarrayas, fumando tabaco, cantando y tocando tiple. En noches de tempestad lo han visto pescando y riendo a carcajadas.

Algunos ribereños aseguran que existe la Mohana, pero no como consorte del Mohán, sino como personaje independiente. Comentan que ésta no es feroz, ni les hace travesura en los ríos; lo único que le atribuyen es que se rapta a los hombres hermosos para llevarlos a vivir con ella en una cueva tenebrosa.

lunes, 8 de octubre de 2012

Día 8 - El Hojarasquín del Monte


Los campesinos de las montañas colombianas cuentan muchas historias acerca del 
Hojarasquín del Monte. Más de uno dice haberse encontrado con este espíritu protector 
de la naturaleza que habita en la oscuridad de los bosques tropicales. Los que lo han visto 
coinciden en que se traba de un árbol-hombre cubierto de musgo, ramas y flores, que 
camina rápida y furtivamente entre el follaje, en medio de un atronador ruido de hojas 
secas. Su aparición causa verdadero espanto, sobre todo a los taladores de bosques y a los 
cazadores, a quienes nunca se les muestra de frente sino que se les acerca por la espalada 
como si los siguiera. Esto sucede por lo general cuando el cazador apunta con su arma a 
un venado o a una danta indefensa, o cuando el leñador levanta su hacha para derribar un 
árbol que no debería derribar. El susto que se llevan es tan grande que nos le quedan 
ganas de volver por allí, o no por lo menos a matar animales o a cortar árboles.
Un respeto profundo se apodera de ellos desde entonces, como si comprendieran 
que con la naturaleza no se puede jugar ni se les puede hacer daño porque sí, sin 
necesidad, sólo por diversión.

Sin embargo, y a pesar de su aspecto aterrador, el Hojarasquín es un ser de buenos 
sentimientos que conduce amablemente hacia la salida del monte a los caminantes que se 
pierden en él. La única condición es que el caminante extraviado sea de su agrado. El 
problema está en que no es fácil simpatizarle. Los aventureros valientes no lo conmueven, 
ni tampoco los exploradores que se adentran en la selva en busca de tesoros ocultos. 
Antes de ayudarlos en sus propósitos, les juega toda suerte de bromas pesadas que les 
ponen los nervios de punta y terminan haciéndolos desistir de sus planes. Sólo una cosa es 
precisa para ser del agrado del Hojarasquín del Monte, y es mostrar reverencia y respeto 
por su entorno natural.

-Mito Folclórico de los Andes Colombianos